Ayer te di mí mano
como un pájaro libre.
Te posé mí mirada
sobre el párpado izquierdo.
Te compartí mí pan
y te senté en mí mesa.
Es con esta aquiescencia
que se sueña el mañana.
La traición es latiente
cómo lo fue el pasado.
Que un segundo después
no existe ya no es nada.
Ayer tomaste el verbo
Tibio de mí carne
Cuando te di mí mano
Todo fue una quimera.
Eras pulso y deseo
eras solo el capricho
recuerdo, que no sabe.
La aquiescencia de amarse
olvidando el presente
pensando en futuro
No hay comentarios:
Publicar un comentario